#66, Editorial, Secciones

El verdadero savoir faire

0 Comentarios 01 marzo 2010

Quien tiene savoir faire sabe cómo hacer las cosas: sabe cómo gustar, cómo agradar, tiene mano izquierda y tacto, es experimentado. Quien tiene savoir faire tiene mucho a su favor. Tal como los trovadores y músicos que crearon el son, el danzón y el bolero, y que nos inundaron la vida con lo mejor de su música y su ritmo, y como todos los cubanos que saben cómo pasársela bien, y más como las femmes fatales que sabían cómo hacer sufrir a los hombres y hacerlos ver su suerte, como la Doña, como Mae West, como Sharon Stone.

Saber o no saber, ésa es la cuestión, y en este número de Algarabía, el 66, quien no sabe cómo llegar a Polanco, sí sabrá quién es Lope de Vega; quizás no sepa bien a bien cómo es el mapa de África hoy, o cómo es la cordillera de los Andes, o qué fue lo que pasó en Chernobyl, o de dónde viene el nombre de Haití; qué es un lupanar, o qué onda con los escarabajos, cargapalitos o chimayates, o si el universo es infinito o se expande o cuál es el verdadero número de la Bestia —que justo no es 666—, pero ahora lo sabrá. Como sabrá también que existen sincronías entre la música de Pink Floyd y varias películas, como las de Kubrick; que el número de palabras del español es menor que el del inglés; que el país donde hay mayor número de hablantes de español es por mucho el nuestro, y que no es lo mismo un soberbio, que un orgulloso, o un prepotente, que un petulante.

El conocer nos da saber y el saber nos da seguridad y aplomo —o sea savoir faire— y es por ello que saber qué es la proa, el mástil, el palo de mesana, los aparejos y demás partes de un barco de vela nos ayudará a entender mejor las novelas de Stevenson, Salgari y Pérez-Reverte, y a saber qué significa que lo manden a uno «a la verga». Lo mismo que saber cómo y cuáles eran las cantinas de moda en la ciudad de México en la época del cronista don Artemio de Valle-Arizpe; qué personajes famosos se han suicidado y por qué; quién inventó la revolucionaria cámara Polaroid; y quién inventó los signos ¿? ¡! & Æ y ß, entre otros; y más aún, por qué insistimos en decir «lo que viene siendo» una morra a «lo que sería» una chava.

Saber que cuando Rubén Darío decía «cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer» usaba una figura retórica llamada antítesis, será tan útil como internarnos en la región de al-Ándalus y comprobar cómo en ella el Oriente rescató el saber de Occidente en la Edad Media; tanto o más que saber que según los ecólogos son 100 millones el número máximo de individuos que podrían poblar el planeta sin que éste sufriera daño ecológico —calcule usted, sin angustiarse, que contra ello está este ejemplar que tiene usted en las manos—. Y sobre todo, saber quiénes fueron los hermanos Collyer que vivieron en Harlem hace un siglo, cuáles eran sus manías y que murieron enterrados por la basura, le dará a usted más que conocimiento, le dará el savoir faire que le estaba faltando en la próxima junta de trabajo, fiesta o reunión.

María del Pilar Montes de Oca Sicilia

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