En febrero de 2008, la compañĂa de las fotografĂas instantáneas se declarĂł en bancarrota y anunciĂł la salida del mercado de sus legendarias cámaras; pero al año siguiente declarĂł que en este 2010 volverĂan a las andadas. El incierto futuro de las Polaroid es un pretexto ideal para hablar de su origen.
Por Mariana Sáinz S.
Will you be remembered? Will she be remembered?
Alone in a crowd, a bartered lantern borrowed
If I’m to be your camera, then who will be your face? […][1]
«Camera», R.E.M.
Mire hacia la cámara
Primero, un poco de historia: a mediados del siglo xix, el mundo estaba en conmociĂłn por un invento que cambiarĂa para siempre la manera de recordar y registrar el mundo. Para entonces, nadie imaginaba que se podrĂan reproducir imágenes tal y como las ven nuestros ojos —aunque en blanco y negro—, hasta que llegĂł la fotografĂa y, con ella, las cámaras de daguerrotipo, inventadas por Joseph NicĂ©phore Nièpce y Louis Jacques Mandè Daguerre. En 1861, el asombro fue mayor, cuando el fĂsico británico James Clerk Maxwell obtuvo la primera fotografĂa a color.
Infinidad de personas se hicieron un retrato. Todos querĂan ver su rostro inmĂłvil en la perpetuidad de la emulsiĂłn del papel fotográfico. En aquel entonces, tenĂan que esperar varios dĂas para que se revelara la placa en la que habĂa sido tomada la fotografĂa; pero luego la tecnologĂa avanzĂł, y las placas y los daguerrotipos dieron paso a las cámaras portátiles y a los carretes fotográficos —inventados por George Eastman, fundador de la casa Kodak.
La pelĂcula que contenĂa el carrete debĂa procesarse en un cuarto oscuro, donde el negativo quedaba en manos del fotĂłgrafo y Ă©ste, con habilidad de ciego, tenĂa que exponerla a toda una serie de pasos: sacarla del carrete, enrollarla nuevamente en un tanque y verterle lĂquido revelador, esperar unos minutos, desenrollarla y secarla por varias horas —siempre dependiendo del clima—. Pasado este tiempo, la pelĂcula podĂa exponerse a la luz y, con el asombro de los grandes descubridores, podĂan verse las imágenes que habĂan surgido, sĂłlo que los claros de la realidad aquĂ eran los oscuros, y viceversa. Entonces habĂa que pasar esa imagen al papel y, para ello, otra vez apagar la luz y, con una ampliadora a una determinada altura, lanzar un disparo de luz al negativo y de ahĂ al papel fotográfico. Luego, el papel, ya cargado con la imagen que aĂşn no era visible, se trasladaba a una charola con lĂquido revelador en la que, mágicamente, iba apareciendo la imagen; para terminar, una charola con más lĂquido para fijar la fotografĂa y… voilá! TenĂa que secarse por otros cuantos minutos, antes de que la luz descubriera la obra final.
Un hallazgo caprichoso
I’ve been looking so long at these pictures of you
that I almost believe that they’re real […].[2]
«Pictures of You», The Cure
En 1944, a Jennifer, la pequeña hija del fĂsico estadounidense Edwin Herbert Land —quien ya habĂa realizado importantes invenciones en el campo de la tecnologĂa y la Ăłptica, y siete años antes habĂa fundado la compañĂa Polaroid—, no le gustĂł la idea de tener que esperar a que se realizara todo el procedimiento antes descrito, y le preguntĂł a su padre —entre berrinches y, seguramente, una que otra lágrima—, por quĂ© no podĂa ver ya las fotografĂas que le acababan de tomar. En lugar de darle una retahĂla de explicaciones, el amoroso Edwin se hizo la misma pregunta que su hija —¿Por quĂ© no?— y, como todo papá consentidor, pensĂł en la manera de cumplirle el caprichito.
Tres años despuĂ©s, el 21 de febrero de 1947, en la ciudad de Nueva York, le presentĂł al mundo su maravilloso invento: la cámara de fotografĂas instantáneas. Esta primera cámara no sĂłlo hizo feliz a la ya no tan pequeña Jennifer, ya que 75 unidades del modelo 95 y los rollos Tipo 40 fueron puestos en venta para la Navidad de 1948 en una tienda bostoniana, a un precio de 95 dĂłlares, y se dice que se vendieron las 75 cámaras y todo el rollo desde el primer dĂa de exhibiciĂłn; para 1950 ya se habĂan vendido un millĂłn de rollos. Modelos nuevos de la cámara y otros más sofisticados, fueron apareciendo rápidamente y, para 1956, ya circulaban en el mundo un millĂłn de cámaras Polaroid, y sĂłlo seis años despuĂ©s esta cifra ya se habĂa cuadruplicado.
La verdadera maravilla de estas cámaras fue el desarrollo tecnolĂłgico de la pelĂcula: para lograr el revelado instantáneo, el papel fotográfico era empujado por dos láminas, de manera que una pasta de revelado se distribuĂa entre la parte superior e inferior, entre el positivo y el negativo: asĂ, 90 segundos despuĂ©s se tenĂa una fotografĂa Polaroid.
Pros y contras
La memoria no guarda pelĂculas,
sino fotografĂas.
Milan Kundera
A partir de ese momento, todo aquel que quisiera estar a la vanguardia debĂa tener una Polaroid. Su tamaño era accesible para llevarla a todas partes y captar imágenes. El papel iba saliendo poco a poco —cual mensaje de fax—, y la imagen de unos niños jugando en la arena se plasmaba como un sueño tangible ante los ojos. Tomada la fotografĂa, se tenĂa que secar como si se avivara el fuego de un anafre para calentar tortillas y entonces, se volvĂa manejable y presumible para quien deseara verla.
Pero no todo era miel sobre hojuelas. La Polaroid, que privilegiaba la rapidez y la portabilidad, no tenĂa buena calidad de imagen. Además, sus fotografĂas no tenĂan el respaldo del negativo: si alguna de ellas se manchaba o rayaba, se perdĂa para siempre, sin la posibilidad de reproducirla. Sin embargo, los artistas aprovecharon esta deficiencia como parte de su arte; tambiĂ©n la Polaroid se utilizaba en los estudios de fotografĂa publicitaria para realizar bocetos y para saber cĂłmo lucirĂan las tomas, en cuanto a composiciĂłn y luz, en la imagen final.
Nostalgia de las instantáneas
Las dĂ©cadas venideras estarĂan marcadas por el liderazgo de Polaroid en la fotografĂa instantánea. Modelos legendarios de rollos y cámaras —la serie 100, la sx-70, la lĂnea 600, la Spectra— se sucedĂan con rapidez. Sin embargo, a mediados de la dĂ©cada de los 90, el interĂ©s del pĂşblico que ya no se sorprendĂa ante la inmediatez de la Polaroid empezĂł a decaer y, para Finales de la misma dĂ©cada, la irrupciĂłn e inminente popularizaciĂłn de las cámaras digitales comenzarĂan a cavar su tumba.
Hoy en dĂa, la tecnologĂa digital ha desplazado a esta tĂ©cnica que revolucionĂł la fotografĂa hace 60 años. Si bien las «cámaras con laboratorio incluido» son cosa del pasado, tambiĂ©n forman parte de la historia de la fotografĂa, y conservan un sabor que muchos nostálgicos y amantes de lo retro se empeñan en salvar. SĂłlo el tiempo, ese que Edwin H. Land desafiĂł, será el que tenga la Ăşltima palabra.
[1] «¿Te recordarán? ¿La recordarán a ella? / Solo entre la multitud, un farol
hizo el trueque / ¿Si yo voy a ser tu cámara, entonces quién será tu cara? […].»
[2] «He mirado durante tanto tiempo esas fotografĂas tuyas / que casi creo
que son reales […].»




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