Lugares excelentes para comer bien, también los había superiores para el buen beber. Sitios elegantes y cómodos, tanto para las personas ricas como para la bohemia limpia que gustaba de mojar la palabra con el vino caro; lugares de poco más o menos para los que no tenían mucho dinero con qué darle placer a su vicio o a su gusto.
por Artemio de Valle-Arizpe
Artemio de Valle-Arizpe (1888-1961) fue cronista de la ciudad de México desde 1942. Con un estilo barroco y pintoresco, publicó docenas de libros con amenas narraciones virreinales, leyendas, sucesos y tradiciones, como ésta, una puntual descripción de la vida y el aspecto que guardaban en su época esos lustrosos templos al dios Baco perdidos en las calles de nuestra capital.
De la pluma de este cronista de la ciudad de México, llega este texto del siglo pasado, donde podemos apreciar con lujo de detalle, cómo eran las cantinas en la apenas en desarrollo, gran metrópoli.




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