There’s a lady who’s sure / All that glitters is gold
And she’s buying a stairway to heaven […][1]
Led Zeppelin
«Dios dice que la gloria está en el Cielo, y que es de los mortales el consuelo al morir […]», cantaba el afamado bolero «La gloria eres tú», himno amoroso de mis padres. Pero, más allá de la cita autobiográfica, ÂżquĂ© otra cosa se dice del Cielo? ÂżDe dĂłnde provienen la imagen y los atributos del ParaĂso que esperan a los justos al dejar este valle de lágrimas? ÂżEs propio del cristianismo? ÂżEs un lugar de salvaciĂłn del cuerpo o del alma, del individuo o de la comunidad? ÂżHabrá «pase automático» o tendremos que esperar al Juicio Final?
por Igor Ăśbelgott
Parece que el hombre necesita tres cosas que no pueden obtenerse en esta vida: comprensiĂłn del propio ser, comprensiĂłn de los otros y comprensiĂłn del cosmos. No tenemos suficiente con nosotros mismos,[2] y ante la tristeza, el dolor y el vacĂo de esta vida, el hombre ha querido consolarse con la idea de que, al morir, irá a un lugar mucho mejor. Hoy algunos lo llamamos Cielo.
Los autores Gallup y Castelli hicieron un recuento de las creencias actuales sobre el Cielo: será una vida mejor, no habrá problemas, preocupaciones ni tribulaciones; no habrá enfermedades, ni dolor, ni muerte; todo estará lleno de paz, felicidad y amor universal; uno se encontrará con los padres, cĂłnyuges y parientes muertos, y todos vivirán en la presencia de Dios en este reino del espĂritu.[3]
Tal vez ese listado no sea sino las proyecciones contemporáneas de las carencias y deseos de nosotros, los simples mortales. De cualquier modo, vale la pena examinar las concepciones que distintas culturas han tenido sobre la morada de los bienaventurados en el lado luminoso de la eternidad. Aclaro: estas lĂneas son un mero repaso y no pretenden ser exhaustivas, ni mucho menos inmiscuirse en cuestiones y digresiones teolĂłgicas profundas. Eso se lo dejo a los estudiosos.
All your followers are blind / Too much heaven
on their minds
It was beautiful, but now it’s sour. […][4]
Tim Rice, en la Ăłpera rock Jesus Christ Superstar
Desde siempre
Una de las culturas más antiguas de la que tenemos registro estuvo verdaderamente obsesionada con la vida en el más allá: los egipcios. Para ellos, la «resurrecciĂłn» no se daba corporalmente, sĂłlo en espĂritu, y Ă©ste no era «condenado» o «salvado», sino que el ser se desdoblaba en akh, que era el espĂritu transformado y resucitado o, si no tenĂa tanta suerte, se quedaba como mut, el cadáver fĂsico, muerto para toda la eternidad.
En el Cielo egipcio —el reino de Osiris, el dios asociado a los muertos, la resurrección y la fertilidad— todo era una reproducción fiel, aunque un tanto exaltada, de los placeres terrenales. Para llegar a él, se inventaron embalsamamientos y momificaciones, siguieron complejos rituales y construyeron enormes tumbas impenetrables con forma de pirámide, todo con miras a garantizar la vida después de la muerte… que, desde luego, sólo estaba al alcance del Faraón, la realeza y la aristocracia: boletos al Cielo, sólo en primera clase.
Para las culturas de la Mesopotamia, en general la creencia era la de un Cielo que se encontraba en las alturas, pero más en las altas montañas que en las del espĂritu; los mortales vivĂan en un reino intermedio, dominado por los demonios, y en ocasiones les era permitido visitar el Cielo —que recibĂa diversos nombres— e, incluso, mirar a los dioses. Sin embargo, despuĂ©s de este tránsito, su destino inexorable era el inframundo. Una coincidencia con el mundo egipcio era la creencia en un viaje, a menudo en barca —que entre griegos y romanos está en manos del barquero Caronte, en la laguna Estigia—, para llegar a la vida despuĂ©s de la vida, donde encontrarĂan a «los que se les adelantaron».
Will it be the same / If I saw you in heaven
I must be strong, and carry on
Cause I know I don’t belong / Here in heaven. […][5]
Eric Clapton
Otras creencias
Otro concepto importante a considerar es el ElĂseo grecolatino. Para los antiguos griegos y romanos, el hombre, al partir de este mundo, podĂa encarar uno de dos destinos: el Hades —el inframundo, el sombrĂo reino de los muertos, algo asĂ como nuestro Infierno,[6] pero menos drástico— o el ElĂseo, que estaba reservado a los hombres de suma virtud: los hĂ©roes de guerra, por ejemplo. Más tarde, la tradiciĂłn permitĂa que todos los espĂritus benditos pudieran «ascender» al cielo, donde se hallaba el ElĂseo, gracias a sus mĂ©ritos en vida.
Por otro lado, está la tradiciĂłn hebrea, que retoma un poco de lo egipcio, lo mesopotámico y lo persa. Las descripciones de la vida despuĂ©s de la muerte son escasas en el Antiguo Testamento —amĂ©n de que se prohĂbe la comunicaciĂłn con los muertos, asĂ que no habĂa modo de «consultar» con alguien de por aquellos lares—, y sĂłlo son dignas de menciĂłn las lacĂłnicas descripciones del libro de Enoc, en el que se dice que «Dios se lo llevĂł y caminĂł con Ă©l».
Finalmente, el Cielo cristiano, que es esencialmente judĂo, pero influido por la cultura grecolatina.[7] El JardĂn del EdĂ©n bĂblico se equipara a la Edad de Oro de Saturno de los grecolatinos: un tiempo previo, lleno de comodidad, vida sencilla, y libre de males, dolor, hambre y otras plagas; asĂ, la idea de que los campos elĂseos recuperan ese «estado de gracia» halla su igual en el Reino de Dios que, al final de los tiempos, tambiĂ©n recupera la gracia del JardĂn del EdĂ©n.
Con excepciĂłn del Apocalipsis, no existe una sola visiĂłn del Cielo en las escrituras del Nuevo Testamento, y esto ha dejado muchas dudas entre los fieles. Durante los primeros diez siglos de la cristiandad, diversos doctores y sabios de la Iglesia han descrito visiones, viajes extáticos y posturas teolĂłgicas sobre el Cielo. Se ha dicho que el fin del mundo traerĂa la segunda venida de Cristo y el inicio del reino de Dios; tambiĂ©n existĂa la idea de una JerusalĂ©n «divinizada», que serĂa una especie de «tierra prometida» para los elegidos, y otras tantas ideas profundas, complejas y maravillosas que, por brevedad y sencillez, pasaremos por alto. Pero es un hecho que la visiĂłn del ParaĂso que más ha influido en la imagen mental de millones de creyentes, no provino de un religioso.
Heaven’s in here / Among the twilight and stars
Like a rocket to Mars / Heaven in here […][8]
Tin Machine
Para muchos, el Paradiso —de la Comedia— de Dante Alighieri es el retrato más sublime del Cielo que se ha escrito desde San Juan.[9] Como sabemos, esta obra monumental describe un peregrinaje del propio Dante que, guiado por Virgilio y su amada Beatriz, recorre los cĂrculos del Infierno, visita el Purgatorio y culmina su jornada en el ParaĂso.[10] Dante describe el Cielo como una esfera hecha de nueve cĂrculos concĂ©ntricos, cada uno de los cuales es un cielo distinto, asociado a un cuerpo celeste y destinado para una de las virtudes del espĂritu; en la cĂşspide de Ă©stos, se halla el cielo empĂreo, la rosa celestial donde las nueve Ăłrdenes de las tres jerarquĂas giran alrededor de Dios. Estas descripciones y las distintas interpretaciones artĂsticas que a lo largo del tiempo se han hecho del ParaĂso de Dante, con sus nubes y destellos, sus ángeles, arcángeles y querubines, han derivado hasta hoy en la casi caricaturesca imagen del alma con alitas, posada en una nube y tocando un arpa.
Hoy en dĂa, el Cielo se ha democratizado: para los cristianos, es el sitio incorpĂłreo donde está JesĂşs, e «ir al Cielo» es estar en la presencia de Cristo, donde uno lo encuentra, lo ve, se une a Ă©l o se funde en Ă©l; o sea que uno «se diviniza» a travĂ©s de la visiĂłn beatĂfica —ver a Dios, que otorga la comprensiĂłn completa de su amor— y la uniĂłn mĂstica —todos unidos en el amor y unidos a Dios— en la que el tiempo cesa o, al menos, es distinto al tiempo terrenal… y todo esto es asequible para cualquier mortal con los mĂ©ritos suficientes. La promesa es la vida eterna, la fiesta del amor universal y eterno, y la presencia y gracia del AltĂsimo, y en ella nos uniremos en espĂritu y en el amor a todos los demás. Que asĂ sea.
Pero en lo que esta vida eterna llega, opto por unirme en algo más que el espĂritu a la que me espera a que acabe de una vez de escribir este artĂculo. Bien lo decĂa la canciĂłn de mis infancias: «…desmiento a Dios porque al tenerte yo en vida, no necesito ir al cielo tisĂş…». ¡QuĂ© razĂłn tenĂan mis padres!
Igor Übelgott es clavicordista y estudioso informal de las creencias religiosas, lo sobrenatural y del amplio abanico de la maldad humana. Para escribir este texto tuvo que sacudirse el tabú del mote cariñoso paterno, del que él mismo fue depositario en uno de los retruécanos de la vida. Ambos casos le han sido más que útiles para desconfiar de la eternidad.
[1] Hay una dama que está segura de que todo lo que brilla es oro, y ella compra una escalera al cielo…».
[2] Alan F. Segal, Life after Death: A History of the Afterlife in Western Religion, Nueva York: Doubleday, 1989.
[3] George Gallup y Jim Castelli, People’s Religion: American Faith in the 90s, Nueva York: Macmillan Pub. Co., 1989.
[4] «Todos tus seguidores están ciegos: hay demasiado Cielo en sus mentes; fue hermoso, pero ahora es amargo…».
[5] «¿Será todo igual si te viera en el Cielo? Debo ser fuerte y seguir adelante, porque sé que no me toca estar aquà en el Cielo…».
[6] Del que nos ocuparemos en el siguiente nĂşmero de AlgarabĂa.
[7] Jeffrey Burton Russell, A History of Heaven, The Singing Silence, New Jersey: Princeton University Press, 1997.
[8] «El Cielo está aquĂ, entre la penumbra y las estrellas, como un cohete a Marte. El cielo, aquĂ…».
[9] Sin duda, cabe preguntarse si Dante pretendĂa que su obra se tomara como una inspiraciĂłn divina, como una descripciĂłn de una «realidad ultraterrena».
[10] v. AlgarabĂa 38, septiembre 2007, Literatura: «Una comedia divina»; pp. 56-60.




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El cielo, fantasĂa divina de los mortales para tener, al menos, en la otra vida lo que en esta no se “pudo”. El caso es que los humanos corremos la suerte de que “alamejor hasta exista”.
Una interesante reflexiĂłn serĂa: ÂżQuĂ© de ese cielo ideal podemos lograr (construyendo claro está) en este plano terrenal?
Quizás ninguno, pero vale la pena seguir soñando –fantaseando. Como ya bien se ha dicho cada cultura tenĂa su visiĂłn o interpretaciĂłn del cielo. Sin embargo creo que el mejor cielo es el que tenemos idealizado, ese por el que vale la pena morir.