Según algunos arqueólogos, la resina de la corteza del abedul del neolítico se utilizaba desde hace 9 000 años —mucho antes de la cultura mesopotámica y los faraones egipcios— como antiséptico para las infecciones de las encías, y la goma se usaba para pegar jarrones rotos y arreglar las flechas que usaban en la caza. También se dice que en Egipto y Grecia la masticaban con frecuencia. Sin embargo, el verdadero origen del chicle está en la región del Gran Petén, donde hace más de 2 000 años se asentó la cultura maya.
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por Karla Covarrubias Molina
Los antiguos empleaban la resina lechosa del chicozapote —la palabra chicle deriva del náhuatl tzictli, ‘chicle’—, hacían incisiones sobre su corteza para que chorreara hacia las vasijas que colocaban bajo el árbol, luego la secaban y obtenían una goma que mascaban para limpiarse los dientes o para inhibir el hambre durante sus rituales de ayuno.
Descubra si es chicle y pega, en Algarabía 70.




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