#72, Editorial

No hay peor ciego que el que no quiere ver

0 Comments 01 September 2010

Yo creo que estamos ciegos, somos ciegos que pueden ver pero que no miran.
José Saramago

La mayoría de las personas que vivimos en una ciudad, hemos pasado y paseado mil veces por sus calles sin reparar nunca en los árboles que pueblan las aceras. ¿Sabemos cuáles son?, ¿podemos distinguir entre un trueno y un laurel de indias?, ¿cómo son los hules?, ¿hasta dónde crecen los pinos? Más aún, ¿de dónde vinieron?, ¿por qué están ahí?

Y es que la mayoría de nosotros somos ciegos, como diría Saramago: podemos ver, pero no miramos; podemos ver, pero no queremos mirar; podemos ver, pero no lo hacemos, y así se nos pasan los días y la vida, sin mucho sentido, sin ver nada.

Quien mira, pone atención o repara, se adentra, se detiene y, al hacerlo, disfruta más. Pero hay que tener la voluntad de ver para reconocer que los aztecas edificaron un reino caníbal, con un sistema especializado en la repartición de carne humana para consumo de sus habitantes.

También hay que tener esa voluntad para reparar en que el famoso tequila no es más que un buen mezcal con denominación de origen.

Hay que mirar para notar que el «derecho de pernada» existió —y en muchos países persiste—; que no se dice vacear ni copear, sino vaciar y copiar; que Van Gogh vendió un solo cuadro en su vida; que Saturnino Herrán es el precursor del muralismo pictórico; que Le Corbusier diseñó una silla que es hoy objeto de culto, y que Mambrú —el que se fue a la guerra— era en origen el
duque de Malborough.

Igual miramiento debe tenerse para notar que la simbología zodiacal —los signos que vienen al final de casi toda revista— tiene origen griego; que George Sand era en realidad Aurora Dupin; que quienes trazaron la ruta de Hidalgo cantaban canciones y corridos —valga la palabra— ya con sus copas encima; y que los niños que año con año repiten ese recorrido, también se van y regresan en el autobús cantando, y más aún que la «mujer araña» o «serpiente» de la feria se quedó así por
desobedecer a sus padres y no por una degeneración celular, como le pasó a Henrietta Lacks.

Porque hay de verdad que tener ceguera o padecer estulticia para no ver que las Islas Canarias se cuentan entre las más bellas del mundo; que el terremoto de 1985 fue devastador; que por que, porqué, porque y por qué no son lo mismo, como tampoco lo son funesto, furtivo, funicular y funámbulo, aunque los cuatro empiecen con la misma sílaba; que la aspirina es el fármaco más usado del mundo; que Pedro Infante es y sigue siendo grande entre los grandes; que en el siglo XIX la industria se desarrolló a pasos agigantados, y que es mito eso de que alguien se puede morir si come aguacate después de hacer un coraje.

En fin, hay mucho que este número 72 de Algarabía nos devela, un número que quizá nos hará abrir los ojos a muchos, detenernos a algunos, sorprendernos a otros, pero sobre todo, pasárnosla bien, disfrutar, ¡faltaba más!, que eso es lo más importante.

María del Pilar Montes de Oca Sicilia

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