«Tratar de explicar, a estas alturas, el fenómeno de Pedro Infante es empresa inútil» —dice alguno de sus biógrafos—. Y tratar de contar su vida en estas escasas páginas también lo es; por esa razón, ésta no es una biografía, sino más bien un mosaico hecho de recuerdos, imágenes, datos y, sobre todo, de fibras de un corazón que no olvida a El Ídolo —así, con mayúsculas.
por Pilar Sicilia y Sicilia
El primer recuerdo que me llega de él es
cuando caminaba de mi casa a la suya para
verlo en la calle de Enrique Rébsamen —vivía
en la colonia del Valle, a media cuadra de la
casa de Sara García, a dos de la de Joaquín
Pardavé y a unos metros de la de Silverio
Pérez— con mis hermanas y mis amigas Thelma
y Yara del Río, en mi adolescencia.
Pero yo de Pedro Infante me acuerdo todos los días,
porque tengo todas sus películas, que veo y vuelvo a
ver; me sé de memoria sus diálogos, tengo muchos
libros que hablan de él y, además, todos sus discos. Por
eso cuando me pidieron que hiciera un artículo para
Algarabía, no supe ni por dónde empezar. Lo único que
logré fue reunir pequeños fragmentos y frases que
explican por qué fue único, inolvidable e inigualable.
Recuerda a Pedro Infante con Algarabía 72



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