Avances AlgarabĂa, Causas y azares, De dĂłnde viene, Está en chino, Ideas, Trivia
18 October 2011
Pareciera que en un intento precipitado por popularizar
algo llamado «yoga»[1], muchos gurúes de pacotilla, con tal
de ganar dinero, no se han molestado en investigar en qué
consiste realmente y la ven sĂłlo como un deporte novedoso,
como un entretenimiento, y lo peor, como un producto muy
redituable.
Swami Gitananda Giri Gurumaharaj[2]
La imagen me es muy clara: una pareja de jĂłvenes de treinta y pocos años salen del gimnasio en un barrio trendy, de los que están de moda en cualquier metrĂłpoli del mundo —llámese MĂ©xico, Nueva York, Buenos Aires o ParĂs—. Portan una vestimenta muy a la usanza new age: ella, lycras color malva, un top sin mangas y huaraches muy abiertos de cuero; Ă©l, unos pants delgaditos de algodĂłn orgánico color caqui y unas chanclas de pata de gallo de una marca cara; ambos llevan sendas bolsas con sus tapetes de yoga Louis Vuitton, enrollados al hombro. DespuĂ©s de pedir una bebida energĂ©tica y una Coca light, prenden un cigarro —tambiĂ©n light—, se despiden de beso y cada uno toma su camino. Él se sube a su Mini Cooper y ella, a una camioneta todo terreno. Él habla por su iPhone con «Dios-sabe-quiĂ©n» y dice: «Vengo de la yoga, ca’, no sabes, ¡quĂ© ondĂłn!», mientras ella manda un mensajito en su BlackBerry que dice: «No, goeee…, con esta clase de yoga seguro sĂ enflaco dos kilos».
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