por MarĂa del Pilar Montes de Oca Sicilia
Pareciera que en un intento precipitado por popularizar algo llamado «yoga»,[1] muchos gurúes de pacotilla, con tal de ganar dinero, no se han molestado en investigar en qué consiste realmente, y la ven sólo como un deporte novedoso, como un entretenimiento, y lo peor, como un producto muy redituable.
Swami Gitananda Giri Gurumaharaj[2]
La imagen me es muy clara: una pareja de jĂłvenes de treinta y pocos años salen del gimnasio en un barrio trendy, de los que están de moda en cualquier metrĂłpoli del mundo —llámese MĂ©xico, Nueva York, Buenos Aires o ParĂs—. Portan una vestimenta muy a la usanza new age: ella, lycras color malva, un top sin mangas y huaraches muy abiertos de cuero; Ă©l, unos pants delgaditos de algodĂłn orgánico color caqui y unas chanclas de pata de gallo de una marca cara; ambos llevan sendas bolsas con sus tapetes de yoga Louis Vuitton, enrollados al hombro. DespuĂ©s de pedir una bebida energĂ©tica y una Coca light, prenden un cigarro —tambiĂ©n light—, se despiden de beso y cada uno toma su camino. Él se sube a su Mini Cooper y ella, a una camioneta todo terreno. Él habla por su iPhone con «Dios-sabe-quiĂ©n» y dice: «Vengo de la yoga, ca’, no sabes, ¡quĂ© ondĂłn!», mientras ella manda un mensajito en su BlackBerry que dice: «No, goeee…, con esta clase de yoga, seguro sĂ enflaco dos kilos».
Con esta anodina escena como ejemplo, preguntĂ©monos: ÂżDĂłnde nos perdimos? ÂżEn quĂ© momento una religiĂłn, filosofĂa y doctrina oriental de lo más compleja, disĂmbola y enriquecedora, pasĂł a ser una actividad de gimnasio, un puro y simple acondicionamiento fĂsico sin ton ni son, una moda —que como todas será pasajera— en la que cada vez hay más vertientes, todas ellas superficiales, desenfocadas y triviales? ÂżCĂłmo y por quĂ© una práctica que implicaba la vocaciĂłn, la disciplina estricta y la dedicaciĂłn del individuo de por vida es hoy una clase que dura una hora —a lo sumo— dos veces por semana? ÂżQuiĂ©n es el causante de semejante divulgaciĂłn barata, de ese «telĂ©fono descompuesto» que hoy nos vende relajaciĂłn, flexibilidad y buen cuerpo al 2 x 1 y con un mĂnimo esfuerzo, lunes y miĂ©rcoles de 7 a 8?
No tengo la respuesta, pero tratarĂ© de profundizar —a grandes rasgos y sin pretensiĂłn de lograrlo del todo— en los orĂgenes del yoga y en su evoluciĂłn a aquello a lo que ahora nos remite el tĂ©rmino; porque el yoga, en realidad, es una sabidurĂa que ha pasado de boca en boca durante milenios dentro de la tradiciĂłn de las religiones del Valle del Indo, y porque además habrĂa que entender a fondo cada una de las corrientes y pensamientos que ahĂ surgieron, los cuales van desde la filosofĂa hindĂş primigenia hasta el budismo zen y más allá, y porque, además, en estas pocas páginas no lograrĂamos explicar toda una forma de concebir el mundo y segmentar una realidad que rebasa nuestros lĂmites occidentales.
De filosofĂa y religiĂłn
La filosofĂa hindĂş es la suma de diversas doctrinas religiosas complejas y de distinta Ăndole cuyo origen está Ăntimamente ligado a la historia de la India, que desde la antigĂĽedad fue un autĂ©ntico crisol de culturas, las cuales con el tiempo se fusionaron y dieron como resultado varias doctrinas que se desarrollaron sobre todo en el ámbito religioso.
A grandes rasgos, y para el tema que nos compete, las doctrinas hinduistas podrĂan dividirse en dos: aÂŻstika —en las que Dios existe—: aceptan la autoridad de Los Vedas —textos muy antiguos, base de la religiĂłn vĂ©dica—, como el hinduismo en todas sus ramas.
naÂŻstika — en las que Dios no existe—: doctrinas que rechazan la autoridad de Los Vedas y a las cuales, por lo tanto, los hinduistas consideran ateas; por ejemplo, el ayivika y el jainismo. En realidad, entre las doctrinas que aquĂ se incluyen, sĂłlo el chárvaka[3] y el budismo podrĂan clasificarse como ateas.
La doctrina del ioga o yoga tomĂł grandes prĂ©stamos de la filosofĂa teĂłrica del samkhia,[4] que forma parte de la aÂŻstika, pero difiere de ella en que no sĂłlo integra el concepto de un Dios personal a su visiĂłn del mundo metafĂsico —como lo hace tambiĂ©n el samkhia— sino que afirma que Dios es un modelo sobre el que se debe meditar porque está dentro de uno mismo. El objetivo del yoga es la liberaciĂłn —mukti— de las ataduras del alma con la materia, es decir, la uniĂłn del ser con el resto del Universo.
En sus orĂgenes, el yoga se consideraba el principio fundamental de un orden personal, social y cĂłsmico, desarrollado en una parte de la Tierra conocida como Bharata —India—, e incluĂa una gran cantidad de actitudes que cada individuo debĂa tener consigo mismo y para con los demás, con un sentido Ă©tico y moral. Se trataba de una enseñanza Ăşnica, de maestro a discĂpulo, un modus vivendi y una cultura que consistĂa no sĂłlo en tĂ©cnicas y prácticas, sino tambiĂ©n en una ideologĂa determinada, una dieta restringida, hábitos de limpieza y de oraciĂłn, trabajo e interacciones sociales.
El yoga considera que el objetivo de la vida humana es salir del ciclo eterno de renacimientos o reencarnaciones —llamado samskara—, y obtener la liberación del ser, para lo que es necesario regresar a la fuente de la cual venimos; para esta doctrina, la felicidad que nos dan las cosas externas es momentánea y fugaz, y las ataduras e implicaciones de la vida terrenal son aparentes. Por ello, para liberarnos, debemos buscar el contacto con nuestro dios interno.
Desde el origen
Se han encontrado sellos de piedra con figuras de posturas de yoga de avanzada dificultad, que datan aproximadamente del 4500 a.C.; en una de ellas aparece el dios Shiva con tres caras —que representan el presente, el pasado y el futuro— realizando una postura para liberar la energĂa kundalini desde la raĂz hasta la coronilla.
Las primeras pruebas escritas se encuentran en las escrituras vĂ©dicas —de los cuatro libros Vedas—, particularmente en el Rig-veda y en el Atharva-veda, las cuales se remontan al año 2500 a.C. En Occidente, la parte más conocida del libro es la Ăşltima, donde se incluyen los Upanishads, tratados y poemas filosĂłficos y mĂsticos que exploran la naturaleza del alma humana.
En ellos se encuentra la base de las enseñanzas yĂłguicas y la filosofĂa sobre la realidad o conciencia absoluta; por ejemplo, en el verso 2.12 se explica: «El cuerpo del yogui se ve purificado por el fuego de la yoga y se libera de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte», y más importante, en el 2.13 se mencionan los beneficios de esta disciplina, principalmente «liviandad y salud del cuerpo, ausencia de deseo, una complexiĂłn luminosa, una voz placentera, un olor dulce y menos secreciones».
En los tan mentados poemas Ă©picos, el Ramayana de Valmiki y el Mahabharata de Vyasa, que datan del 500 a.C., surgen dos grandes textos que narran las encarnaciones de Dios, y en ellos se tratan temas morales y filosĂłficos. Una parte importante del Mahabharata es el Bhagavad Gita, que consta de 18 capĂtulos, en los que se discuten distintos aspectos de la teorĂa y práctica yĂłguicas.
No se pierda el resto de esta profusa e interesnate investigaciĂłn, sĂłlo en AlgarabĂa 86.
[1] Usaré el yoga o la yoga de forma indistinta, ya que en español, este sustantivo se usa como masculino o femenino: «el yoga» si se trata de un conocimiento, y «la yoga» si se trata de una disciplina.
[2] Patrono y presidente de muchas organizaciones de yoga alrededor del mundo. Fue elegido por el gobierno de la India como parte del cuerpo de gobierno del Centro de Investigaciones de Yoga y NeuropatĂa, puesto que ocupĂł hasta su muerte en 1993.
[3] Chárvaka fue un filĂłsofo materialista indio que viviĂł en el siglo vii a.C. y fundĂł una escuela de filosofĂa con el mismo nombre, abiertamente ateĂsta y empĂrica, que tuvo seguidores por lo menos hasta 1578. Su doctrina ha sobrevivido a travĂ©s de textos jainistas, budistas e hinduistas.
[4] Es considerada como la más antigua de las doctrinas de la India y se basa en las ideas del escritor Kapilá. Se trata de la primera descripciĂłn conocida del modelo del Universo; su filosofĂa lo explica como compuesto de tres realidades eternas: Ă©ter, inteligencia y naturaleza o materia. v. Mircea Eliade, El yoga: inmortalidad y libertad, fce, 2004; 329 pp.