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Dice Joaquín Sabina, en su canción del pirata cojo, que, como «sale gratis soñar» y no cree en la reencarnación, «con un poco de imaginación» puede colarse «en el traje y la piel de todos los hombres», aunque nunca será Al Capone en Chicago, taxista en Nueva York, Casanova en Venecia o anciano en Shangri La, pero de «entre todas las vidas», escoge «la del pirata cojo, con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo». Y es que las historias de piratas nos hacen fantasear con nuevas aventuras y con mares ignotos, como los que soñó y cruzó Stevenson, al punto de descifrar el mapa de la Isla del Tesoro.
Y si de aventuras y lugares desconocidos se trata, este número trae para dar y regalar, como expedición en bergantín: desde el cine mudo, hasta las etapas evolutivas del Homo sapiens, no sin antes pasar por la vida de los clanes malditos, por las diferentes formas en que comen las distintas culturas —incluyendo los bucaneros— y por las frases más hilarantes encontradas en la calle.
Prepárese para zarpar en busca de las frases que usamos todos los mexicanos, también para conocer más a fondo a la tira o chota —como quiera llamársele—, para internarse en el mundo de los zurdos—que los piratas con garfio también eran diestros con la izquierda—, para reírse a carcajadas con anécdotas de la escuela y los maestros, y con la verdad sobre los tipos de sangre, azul o de corsario, de filibustero o noble.
Punto y aparte, palabras como marchanta, cocol, mengambrea y vaina se dan cita, mientras se contestan preguntas como: ¿por qué los piratas usaban parche en el ojo?, ¿cuándo se inventó la Coca-Cola? —ya tan mexicana y nuestra—, ¿cómo endulza el aspartame?, ¿qué onda con el hipo?, ¿quién inventó los cacahuates japoneses?, y ¿por qué a los piratas les latía deprisa el corazón cuando los amenazaban con aventarlos al mar?
Pue’que les guste, pue’que no; pero más bien se me figura que les va a encantar. Van a ver que sí…
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