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...Y desde que somos niños anhelamos ser otros, admiramos lo que no somos, lo desconocido, lo que está en los demás y —como le sucedía al doctor Jekyll— sacan a relucir nuestro otro yo, ese que permanece oculto, ese que sí se puede dar el lujo de ser lo que no somos.
¿Qué parte de usted lee Algarabía, querido lector? ¿Su Dr. Jekyll o su Mr. Hyde? ¿Lo sabe?
A decir verdad no importa; lo importante es que a través de ella pueda desdoblarse en su otro yo. Y para eso, qué mejor que nuestro artículo que justamente habla de esa novela de Stevenson y las secuelas que dejó, o el artículo que María Sánchez-Rocha hace sobre los sueños, esas parcelas en donde todo es posible y nuestra personalidad suele ser otra, o el que nos habla sobre la creación y el alcohol, sobre el ser en el que nos convertimos bajo su influjo o, mejor aún, nuestra cronología de genética, que con sus clones nos ha enseñado lo que realmente es «otro».
Y, para desdoblarnos o aprender a ser otros, este número también habla del flamenco o cante jondo, un canto de gitanos y árabes que se hicieron hispanos y que hoy son otros; de la verdadera historia detrás del bikini y de aquello en que nos convertimos las mujeres cuando lo usamos; de la otra faceta de Leonardo da Vinci, no como pintor sino como cocinero a las órdenes de Ludovico Sforza; de lo que le pasó al futbolista apodado «El Jamaicón» y esa otra personalidad que afloró la primera vez que viajó al extranjero; de los tics nerviosos y de lo que nos esconden; de las palabras provenientes del náhuatl y del griego que usamos todos los días; de las señoritas Pechêux o Bustillo o viceversa, y de esa forma de decir lo que sabemos —de saber— y a lo que sabemos —de sabor—.
Bueno pues, querido lector, lo dejo, para que empiece a ser otro u otros o muchos o los que quiera, para que se desdoble y se meta en la vida de alguien más, con esta Algarabía.
María del Pilar Montes de Oca |
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