La fatalidad y el deseo
Que el cerebro de las mujeres es distinto al de los hombres, es un hecho insoslayable —y así se explica en un artículo de este número que, por cierto, es el quinto lugar del concurso De algarabiadicto a colaborador—, por eso nosotras podemos estar en varias cosas al mismo tiempo. Y prueba de ello es la historia de Emma Bovary, que por estar en tantas cosas, acabó por confundirse, enloquecer y morir, o por lo menos así nos lo cuenta Flaubert en la historia que da tema a nuestra portada.
Y es que Madame Bovary pudo comprobar que a veces lo que queremos no coincide con lo que podemos tener o, más bien, que lo que deseamos se puede convertir en realidad —como en el caso de ese oscuro verboide del deseo que algunos llaman gerundio— y que no existe en modo alguno la panacea que nos cure de esta verdad. Y que si a uno le gusta mucho beber puede acabar tirado en la calle, como nos cuenta Ibargüengoitia; que si uno padece de Parkinson o toma antipsicóticos puede sufrir.... Leer más
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